En torno a los lugares como constitutivos de la identidad individual y social.

 

Por: Brandon Méndez Tapia.

Preliminar.

El tema del presente trabajo es la creación de las identidades, ya sean de los individuos o de las sociedades a través de los lugares, tomando este concepto como punto en torno al cual gira la reflexión. Tomaré como autor central a Marc Augé con su texto El lugar antropológico que se encuentra como capítulo en su obra de Los no lugares. Espacios del anonimato.

El lugar común al etnólogo y a aquellos de los que habla es un lugar, precisamente: el que ocupan los nativos que en él viven, trabajan, lo defienden, marcan sus puntos fuertes, cuidan las fronteras pero señalan también la huella de las potencias infernales o celestes, la de los antepasados o de los espíritus que pueblan y animan la geografía íntima, como si el pequeño trozo de humanidad que les dirige en ese lugar ofrendas y sacrificios fuera también la quintaesencia de la humanidad, como si no hubiera humanidad digna de ese nombre más que en el lugar mismo del culto que se les consagra.[1]

Así mismo, retomaré ideas que he presentado en un trabajo anterior sobre creación de identidades con base en tres perspectivas teóricas o escuelas de pensamiento distintas, que son también de distintas disciplinas pero que trabajan excelente en la interdisciplinariedad. La primera de ellas proviene de la psicología y considera a la personalidad escindida en dos partes, pero sin dejar de ser una, y con ello sin dejar de definirnos como entidades o seres únicos; esta perspectiva plantea a la personalidad como la suma y la interacción del temperamento y del carácter; el primer término, hace referencia a las características psíquicas heredadas, el segundo elemento a aquellas que son adquiridas.[2] La personalidad es parte de lo que nos identifica, es por ello que se consideró pertinente que hubiera cuando menos un acercamiento a ella, aunque fuera este de forma mínima.

La segunda perspectiva que vamos a considerar va a ser la escuela de “cultura y personalidad”, proveniente de la antropología socio-cultural estadounidense. Esta escuela acerca a la antropología, la sociología y la psicología y pretende llevar a cabo las investigaciones humanas de manera interdisciplinaria; correspondiéndole a la psicología la parte del individuo, a la antropología los patrones culturales, y a la sociología la interacción de la sociedad, los resultados esperados de las investigaciones así llevadas a cabo son holísticos; con consideraciones de cada una de las ciencias para que se pueda discernir entre aquello que es propio del individuo, aquello que es parte de la influencia cultural y aquello que es parte del ser humano en sociedad.

Por último, la tercera perspectiva desde la que nos guiaremos, será a través de la denominada psicología social, esta perspectiva teórica aborda muchos temas, incluyendo la personalidad, bajo este enfoque la personalidad es “una sedimentación de la interacción social consistente en una ‘persona privada’ o sí mismo y una ‘persona social’ o conjunto de roles sociales desempeñados surgiendo la persona privada a partir del desempeño de roles”[3]. Considero que este enfoque de la personalidad tiene sesgos bastante importantes y debemos tomar esta definición como el aporte del carácter a la personalidad o identidad.

Dentro de la psicología social, acercándose al terreno de la sociología, se encuentran y se articulan también diversas teorías y enfoques para explicar la identidad social; estás son las que, propiamente se denomina como Teoría de la Identidad Social, desarrollada por Henry Tajfel, y la Teoría de la autocategorización del Yo, a la que en ocasiones se le denomina simplemente como de la categorización del Yo, esta última fue desarrollada por Turner y sus colaboradores como complemento a la teoría de Tajfel. Estas dos teorías serán la base que tomemos de la psicología social.

 

Identidad.

Antes que nada, para la elaboración de este escrito es fundamental que se trate, como tal, la cuestión de la identidad. El concepto de identidad es un concepto sumamente complejo, que necesita entenderse, a veces como relacionado con lo idéntico y a veces con el self (sí mismo [a partir de aquí se utilizará únicamente el término en inglés “self”, por cuestión de precisión]), sin embargo, veremos que estas dos posturas o formas de ver la identidad no están peleadas y que incluso podemos llegar a verlas como lo mismo.

La TIS [Teoría de la Identidad Social] asume que cualquier individuo se caracteriza, por un lado, por poseer rasgos de orden social que señalarían su pertenencia a grupos o categorías que representan la identidad social y, por otro lado, por poseer rasgos de orden personal que son los atributos más específicos del individuo, más idiosincrásicos, que representan la identidad personal.[4]

El párrafo anterior nos lleva ya al enfoque de la psicología social; los rasgos que se mencionan ahí podemos llamarlas también características, atributos, etc., para utilizar un lenguaje más flexible y de fácil comprensión. Estas características es lo que hace único ya sea al individuo o al grupo.

En la construcción de la identidad social se lleva a cabo un proceso por medio del cual se buscan similitudes, semejanzas e igualdad en otros individuos, aquí vemos ya lo que es idéntico. Para la identidad personal esta construcción se hace a un nivel micro; tratando de buscar lo que es igual al self, y al no encontrar semejanza alguna podemos decir que el self, como categoría per se del individuo no se logra identificar con algún otro self, es así que el self queda constituido como lo idéntico a sí mismo. Tanto el grupo, para formar la identidad social, como el self, para formar la identidad personal, son organismos que funcionan en diferentes niveles de abstracción. La identidad es la identidad del organismo, lo que lo hace único y lo caracteriza o categoriza, de esta manera podemos entender la identidad de una manera más general y esclarecida.

Bajo la teoría de la identidad social se expone a la identidad social como el mecanismo por medio del cual se crean los grupos sociales y es posible su funcionamiento como organizaciones (organismo). La identidad social se construye a partir de la conciencia en primer lugar, de que el self, el sí mismo, sea consciente de que pertenece a categorías sociales, y por tanto a grupos con otros individuos. Es así que se “identificarán” los unos con los otros.

Las categorías que nos categoricen o aquellas que hemos de crear para autocategorizarnos pueden ser formadas de distintas maneras, por ejemplo, podemos darnos cuenta de las diferencias físicas que existen entre nosotros y categorizar de acuerdo a ellas, pero también puede haber categorías “metafísicas”, por medio de constructos sociales, por ejemplo, la distinción con base en ideologías, en diferencias culturales, en clases socio-económicas, etc. En muchas ocasiones existe una asociación entre lo físico y lo metafísico que no siempre corresponde, podemos llegar a incurrir en falacias y conductas negativas o violentas por una falsa generalización; por ejemplo cuando se asume que todos las personas negras son delincuentes, otro ejemplo lo teneos cuando pensamos que una mujer no puede hacer ciertas cosas que se suponen como exclusivamente para los hombres, o bien cuando vemos una persona desaseada en la calle y suponemos que está drogado, que nos podría hacer algún daño, etc. La identidad va más allá de una u otra característica física o categoría identitaria.

Ahora entonces, me parece que lo dicho hasta aquí acerca del concepto de identidad es suficiente para poder continuar con este breve ensayo, aunque claro que se podrían escribir muchísimas páginas más tal como se ha hecho con múltiples obras, me parece que para este escrito en particular es suficiente dada la intención mínima que tiene. Así, entonces podemos continuar con la siguiente sección en donde veremos que la identidad se puede configurar a partir de diferentes enfoques en diferentes ámbitos de la realidad de los sujetos que terminan por complementarse.

 

Diferentes tipos de identidad.

Existen diferentes formas a través de las cuales podemos observar el proceso de constitución de la identidad, todas estas formas por las que se construyen los individuos y los grupos sociales son diversas y complementarias, puesto que pretenden aislar un aspecto de la realidad del sujeto; por ejemplo, mi identidad está constituida por una serie de categorías que se aplican a mí, ya sea desde el exterior o desde mi propia persona. Pongamos por caso la identidad de una persona y vamos a describirla como sigue: ella es una mujer de 34 años de edad, tiene seis hijos y es divorciada, trabaja como maestra en una prestigiosa universidad; físicamente es un tanto bajita de estatura, se encuentra en su peso ideal, lo que le ayuda a conservar una figura que sigue cultivando en el gimnasio… Podríamos continuar con esta serie de adjetivos o categorizaciones que nos están describiendo a alguien, pero espero que ya haya quedado claro a lo que me refiero; ella no sólo es una mujer, es madre, es divorciada, es maestra. Se inserta al sujeto en una multiplicidad de categorías que juntas forman un todo, una identidad. El enfoque que nos dio guía en este párrafo lo podríamos denominar como de identidad múltiple; hace referencia a la construcción del self como dependiente de múltiples “burbujas” sociales.

Por otro lado, tenemos un enfoque que es un tanto contrario al anterior, pues este pretende que en vez de constituir un conjunto, nuestra identidad se vea escindida según el contexto en el que nos encontremos.

[…] plantean la existencia de una amplia gama de modelos posibles de individuo o persona. Esto les hace decir que el yo contemporáneo se estructura de tal forma que las identidades particulares dependen de las situaciones que se presenten.[5]

Bajo esta perspectiva nos encontramos más cercanos a una cuestión de personalidad, más particularmente de modos de comportamiento. Este enfoque centra la identidad en cómo me comporto según el contexto o situación en la que me encuentro; por ejemplo, no nos comportamos de la misma manera en un círculo de amigos que frente a una audiencia que espera un discurso, o incluso con nuestra propia familia.

Aún hay otro enfoque que conjuga los dos anteriores y que considero todavía importante su mención para este texto. “Esta perspectiva pone su énfasis en un nuevo objeto de estudio: ‘convertirse’, que tiene detrás relaciones cambiantes de poder, cultura e historia, olvidándose de esta forma del ‘ser’ como una esencia autoconformada.”[6] Bajo este enfoque la identidad se conforma a partir de momentos en nuestra vida, es decir, es histórica pero no deja de ser fuera de esa coyuntura específica, sino que permanece y pasa a “convertirnos” o “transformarnos”, es acumulativa. Este enfoque nos acerca más a ser conscientes de nuestra identidad como un relato que construimos y que nos contamos todos los días. Cada día nos reafirmamos con los sucesos que hemos pasado y cada día pasamos por nuevas experiencias que pasan a formar parte del relato. Este modelo nos lleva a considerar nuestra identidad como nuestra historia, a vernos a cada uno de nosotros como microhistorias; lo que en la antropología se conoce comúnmente como “historias de vida” es lo que conformaría nuestra identidad. Incluso podría ir más allá de esas historias de vida pues englobaría también sucesos de los cuales no somos conscientes y que aun así nos afectan de alguna manera.

Así mismo, podemos encontrar elementos comunes que conformen la identidad, por ejemplo, podemos tener que la identidad se conforme a partir de la ideología; esta se constituye como el elemento de identificación de un grupo, es decir, en la categoría que usamos para la definición del grupo y para concebirnos o autocategorizarnos como miembros de ese grupo.

El proceso de una ideología es especialmente peligroso y susceptible de desindividuación, pues son ideas, conocimientos y valores, los cuales son mucho más fáciles de asimilar, integrar e identificarse con ellos. Como ejemplo, podemos ver los supremacistas blancos, quienes basan su grupo ideológico en la diferencia de otro tipo de categoría, en este caso en la categoría “raza” o “color de piel”.

Tenemos también los casos de la identidad étnica y la identidad nacional. Si bien ambas palabras –etnia y nación– fueron creadas de manera posterior a algunos procesos históricos en los cuales estas formaciones, como grupos sociales, ya tomaban un papel importante; y a pesar de que su significación también haya sido posterior y esta haya ido cambiando a lo largo del tiempo, eso no significa que estas categorizaciones no sean útiles en el análisis de la génesis que las fue configurando hasta llegar a lo que son actualmente; parten del proceso de creación de una identidad social, tal como lo menciona la Teoría de la Identidad Social

La identidad étnica hace referencia al grupo étnico al cual del cual somos parte cada uno de nosotros, ya sea que pertenezcamos realmente a ese grupo participando activamente o, por el contrario, no tengamos ni idea de que existe. Podemos pensar, ingenuamente, que las etnias no tienen nada que ver con nosotros por el hecho de que quizá tenemos un color o tono de piel claro, quizá no hablamos alguna lengua indígena, quizá nacimos, crecimos y hemos vivido toda nuestra vida en un entorno meramente urbano, como lo puede ser la Ciudad de México. La realidad es que ninguna de esas características define a una etnia.

Una etnia se configura como un grupo social, y como tal, sigue las reglas del desarrollo de los grupos sociales; en primer lugar, se identifican por categorías, estas pueden ser el lenguaje, contemplando variantes lingüísticas y regionalismos u otro tipo de especificaciones del lenguaje, también incluyen cuestiones de producción, cuestiones de trato interpersonal e intergrupal. Las etnias son muy variadas, son muchísimas en el mundo, sin embargo, existen etnias que son y han sido las hegemónicas desde hace bastante tiempo, aquellas a la que pertenecemos la mayoría de las personas, si no en el mundo por lo menos en territorios nacionales; y que no nos permiten darnos cuenta que pertenecemos a una etnia debido a una enajenación cultural.

Por si fuera poco, además, en el desconocimiento étnico juega un papel importante el fenómeno que tiende a buscar un grupo social positivo o favorable, dado que la palabra etnia se ha asociado popularmente con cuestiones indígenas, y a su vez las cuestiones indígenas se han asociado con lo atrasado, lo indeseable, lo negativo. La cuestión étnica nos molesta, nos hace pensar, de nuevo, en cosas de una categoría “inferior” a la de nuestro grupo social, entonces rechazamos psicológicamente esa palabra.

Por otro lado, sin embargo, no encontramos estas actitudes con respecto a las naciones; la nación es un grupo social que concebimos de una manera diferente, en muchas ocasiones con este grupo social se cumple la autopercepción positiva, que es requisito sine qua non para la conformación de una identidad social que conforme a un grupo y lo cohesione, y nos enorgullecemos de nuestra nación. ¿Por qué nos enorgullecemos de una mientras despreciamos la otra categoría? ¿Qué hace a una etnia diferente de una nación?

La nación tiene de diferente que no estamos conformados por una unidad sanguínea o de ancestros, puede ser que no tengamos unidad de lenguaje, lo que le interesa a la nación es el sentimiento, las ideas conforman a la nación.[7] Y aunque diferentes, a veces pueden conjugarse demasiado bien, al pasar de los agrupamientos en etnias a los agrupamientos en las formas de nación “Algunas etnias se convierten –y no necesariamente– en naciones, otras en minorías o mayorías nacionales con o sin Estados propios y con o sin proyectos nacionales particulares.”[8]

Con estos tres últimos casos; el de la ideología, la etnia y la nación como identidades sociales concluye esta sección para pasar propiamente a observar como el concepto y la idea de “lugar” influye en la creación de la identidad, siguiendo el texto de Marc Augé, del cúal si nos hemos desviado, sólo ha sido con propósitos explicativos y para ampliar la reflexión.

 

La identidad constituida por el lugar.

En esta sección desglosaré el texto de Marc Augé a través de varias citas que iré relacionando con el tema de la identidad que, si bien el comenta, pienso que podemos extenderlo, comprendiéndolo a través de lo que se ha expuesto de la psicología social principalmente, contribuyendo con ello al diálogo entre las disciplinas.

Las categorías, las identidades, son algo que no está en el mundo físico, es creado por nuestra mente, así mismo habla Marc Augé en el siguiente párrafo en el que describe la creación de la identidad de los grupos nativos por parte de los antropólogos, pero así también por parte de los mismos nativos:

Este lugar común al etnólogo y a sus nativos es en un sentido (en el sentido del latín invenire) una invención: ha sido descubierto por aquellos que lo reivindican como propio. Los relatos de fundación son raramente relatos de autoctonía; más a menudo son por el contrario relatos que integran a los genios del lugar y a los primeros habitantes en la aventura común del grupo en movimiento.[9]

Vemos, entonces, que la identidad es una construcción social, como muchas de las cosas de nuestro mundo. Es imposible entender esto sin una referencia al construccionismo social; todo es resultado de determinadas circunstancias del tiempo y el lugar en qué se vive, este lugar que se va creando a sí mismo.

Que los términos de este discurso sean voluntariamente espaciales no podría sorprender, a partir del momento en que el dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la identidad del grupo (los orígenes del grupo son a menudo diversos, pero es la identidad del lugar la que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido.[10]

Lo anterior nos muestra, en palabras de Augé que esta identidad a partir de los lugares se crea desde dos perspectivas, que en la psicología social son, por un lado, la perspectiva del endogrupo (el grupo de referencia al cuál se pertenece [self]) y, por otro lado, el exogrupo (aquél que está frente a nosotros, este representa lo que en antropología nombramos como otredad). El primer grupo se arraiga se identifica con ciertos aspectos del paisaje, con ciertos elementos característicos del espacio en que se desenvuelve:

Estos lugares tienen por lo menos tres rasgos comunes. Se consideran (o los consideran) identificatorios, relaciónales e históricos. El plano de la casa, las reglas de residencia, los barrios del pueblo, los altares, las plazas públicas, la delimitación del terruño corresponden para cada uno a un conjunto de posibilidades, de prescripciones y de prohibiciones cuyo contenido es a la vez espacial y social. Nacer es nacer en un lugar, tener destinado un sitio de residencia. En este sentido el lugar de nacimiento es constitutivo de la identidad individual, y ocurre en África que al niño nacido por accidente fuera del pueblo se le asigna un nombre particular relacionado con un elemento del paisaje que lo vio nacer.[11]

En cuanto al segundo grupo, este tipo de categorizaciones se observan cuando nosotros damos adjetivos, atributos o, simplemente, categorías a las personas que viven en otro lugar, por el simple hecho de vivir ahí, por ejemplo, si hablamos del un entrono rural siempre se asocia con la pobreza y el atraso, sin embargo, agricultores y ganaderos son personas con un poder adquisitivo bastante grande, así mismo la implementación de tecnologías para el cultivo, arado, etc., ha modernizado enormemente todos los entornos rurales, los ha industrializado. Este es sólo uno de los muchos otros ejemplos que pueden incurrir en falsas imaginerías, como la que subyace en el ejemplo que utiliza Augé refiriéndose a los antropólogos:

Nada permite pensar que ayer más que hoy la imagen de un mundo cerrado y autosuficiente haya sido, para aquellos mismos que la difundían y, por función, se identificaban con ella, otra cosa que una imagen útil y necesaria, no una mentira sino un mito aproximativamente inscrito en el suelo, frágil como el territorio cuya singularidad fundaba el sujeto, como lo son las fronteras, con rectificaciones eventuales pero condenado, por esta misma razón, a hablar siempre del último desplazamiento como de la primera fundación.[12]

El caso de los antropólogos es por interesante pues, como dice el Augé, tiene una doble función “[…] el lugar antropológico, es al mismo tiempo principio de sentido para aquellos que lo habitan y principio de inteligibilidad para aquel que lo observa.”[13] Así mismo las identidades tienen estas funciones; necesitamos definirnos, la humanidad tiene la necesidad de nombrar las cosas, los nombres son categorías, son identidades, esto brinda sentido a nuestra existencia; al mismo tiempo, tienen la unción de permitirnos entender la realidad, de hacérnosla aprehensible. El lugar, juega aquí un papel importante si consideramos que las personas se asocian y son asociadas al lugar de proveniencia, no sólo con los lugares políticamente estratégicos, sino también en los culturalmente relevantes “Sabernos asimismo que los mercados, al igual que las capitales políticas, tienen una historia; algunos se crean mientras que otros desaparecen.”[14]

También nos dice el autor cómo se consolidan, cómo permanecen las identidades de este tipo, hay que sentir no sólo necesidad de pertenencia, sino que hay que exaltarla, los ideales de la sociedad se exacerban en el arte y surgen entonces las piezas escultóricas, la música, la poesía, la pintura; todo ello con características identitarias, recordemos como ejemplo nuestros símbolos patrios, pero más aún, la escultura que permanece en un espacio es la que nos sirve aquí. La victoria alada, conocida popularmente como “el ángel de la independencia”, o simplemente como “el ángel”, brinda identidad para los mexicanos hacia el extranjero, y dentro del mismo Estado-nación, se asocia aún más específicamente con la Ciudad de México, así entonces:

El monumento, como lo indica la etimología latina de la palabra, se considera la expresión tangible de la permanencia o, por lo menos, de la duración. Son necesarios altares para los dioses, palacios y tronos para los soberanos para que no sean avasallados por las contingencias temporales. Así permiten pensar la continuidad de las generaciones.[15]

Por último, hay una parte en la que Augé nos expone una de las máximas formas de identificación que podemos apreciar, de hecho, en muchas ocasiones en las noticias, así como en los comentarios y discernimientos acerca de política internacional, relaciones internacionales, etc., y que resulta ser un caso bastante interesante porque es una cosa que vemos todos los días y pocas veces pensamos.

Destaquemos que la identificación del poder con el lugar en el cual se ejerce o con el monumento que alberga a sus representantes es la regla constante en el discurso político de los Estados modernos. La Casa Blanca y el Kremlin son, para quienes los nombran, a la vez lugares monumentales, hombres y estructuras de poder, Al cabo de sucesivas metonimias, nos acostumbramos a designar a un país por su capital y a ésta por el nombre del edificio que ocupan sus gobernantes.[16]

 

Consideraciones finales.

Pienso que se ha logrado el cometido de explicar a los lugares como constitutivos de la identidad, si bien es algo que hace por sí mismo Augé, considero que las aportaciones de la psicología son de mucho valor para este tema, tanto así que los antropólogos deberían de estar informados con lo más reciente acerca de esta otra disciplina, cuando menos en este tema por el que comparten interés.

Considero que todos los enfoques explicados son complementarios y deben de ser parte de una teoría más amplia de la identidad que, si bien podemos entender todo a través de la teoría de Tajfel y Turner, estas son a veces un tanto abstractas y poco relacionadas con la realidad material. Así mismo esto representa tan sólo una mínima parte de lo que debemos saber para lograr comprender la identidad, en ese punto estaremos más cerca comprender quiénes somos.

Creo que este tema tiene muchas aristas que podríamos abordar desde distintas disciplinas y desde distintos puntos de vista, es necesaria la revisión constante, la producción e investigación científica en torno a este tema que, como ya decíamos da sentido a nuestra existencia y nos permite comprender y aprehender la realidad.

  

Referencias.

1.      Augé, Marc. El lugar antropológico. En Los no lugares. Espacios del anonimato. Trad. Mizraji, Margarita. Barcelona. Gedisa. 2000. 125 pp.

2.      Canto, J. M., & Moral, F. El sí mismo desde la teoría de la identidad social. En Escritos de psicología. 7, 59 – 70. Obtenido de https://www.redalyc.org/pdf/2710/271020873006.pdf

3.      Díaz, Formación Nacional y Cuestión Étnica., en Autonomía Regional la autodeterminación de los pueblos indios. Ciudad de México. Siglo XXI & UNAM. (s. f.)

4.      Gómez, Armando. Discusión sobre las teorías de la personalidad. (Tesina de licenciatura). Distrito Federal. Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de psicología. 1978. 44 pp. Obtenido de http://132.248.9.195/ppt1997/0727948/Index.html

5.      Higashida, Bertha. Constitución psíquica del individuo. En Ciencias de la salud. Sétima edición. Distrito Federal. Mc. Graw Hill Education. 2013. 456 pp.

6.      Linton, R. El individuo, la cultura y la sociedad., en Cultura y Personalidad. Quinta edición. Trad. Romero, Javier. Distrito Federal. Fondo de Cultura Económica. 1978., pp. 17 – 41 [Breviarios, 145]

7.      Najenson, José Luis. Etnia, clase y nación en América latina. En Boletín de Antropología Americana. (5). julio de 1982. 51 – 58. Obtenido de: http://www.jstor.org/stable/40976984

8.      Tangueca, Juan. Antonio. La identidad de los jóvenes en los tiempos de la globalización. En Revista Mexicana de Sociología. 78. 2016., pp. 633 – 654



[1] Augé, Marc. El lugar antropológico. En Los no lugares. Espacios del anonimato., p. 49.

[2] Cfr. Higashida, Bertha. Constitución psíquica del individuo. En Ciencias de la salud.

[3] Gómez, Armando. Discusión sobre las teorías de la personalidad., p. 17.

[4] Canto, J. M., & Moral, F. El sí mismo desde la teoría de la identidad social., p. 61

[5] Taguenca, Juan. Antonio. La identidad de los jóvenes en los tiempos de la globalización., p. 640.

[6] Ibid., p. 642.

[7] Cfr. Díaz, Héctor. Formación Nacional y Cuestión Étnica., en Autonomía Regional la autodeterminación de los pueblos indios.

[8] Najenson, José. Luis. Etnia, clase y nación en América latina., p. 53.

[9] Augé, Marc. Op. Cit., p. 50.

[10] Ibid., p. 51.

[11] Ibid., p.58.

[12] Ibid., p. 53.

[13] Ibid., p. 58.

[14] Ibid., p. 64.

[15] Ibid., p. 65.

[16] Ibid., p. 69.

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